Conceptos básicos


Información sobre drogas


Tipos de drogas


Formas de consumo


Clasificación desde la óptica social


Clasificación según sus efectos


Alteraciones que producen


Tipos de tratamiento







Tipos de drogas: Alcohol

Cuando hablamos de alcohol nos referimos normalmente al etanol o alcohol etílico, por ser el constituyente fundamental de las bebidas alcohólicas. Estas pueden ser de dos tipos:
Bebidas fermentadas, obtenidas por fermentación de un mosto abundante en azúcares. Hablamos de sidra, cava, vino y cerveza. Su grado de alcohol puede oscilar entre 5 y 15 grados;
Bebidas destiladas, se obtienen mediante un proceso artificial, destilando una bebida fermentada y aumentando su concentración de alcohol puro. Es el caso de la ginebra, el ron, el whisky, vodka, anís, coñac, aguardiente, licores afrutados y determinados aperitivos. Su grado de alcohol suele oscilar entre 17 y 45 grados.

No existen diferencias en el alcohol presente en las distintas bebidas, la única diferencia está en el grado de concentración de alcohol. El grado de alcohol o graduación alcohólica de una bebida está indicado en su etiqueta y representa la concentración o porcentaje (%) de etanol que contiene.

El consumo de alcohol es un “hábito” fuertemente arraigado y culturalmente aceptado por la mayoría de los países occidentales. Es una droga legal que se “usa” habitualmente en la gran parte de los acontecimientos sociales que se producen en estas culturas. Sin embargo, el uso puede convertirse en abuso o en dependencia.

El uso hace referencia a aquel consumo que, por producirse con una frecuencia mínima y en cantidades pequeñas, normalmente no reporta al individuo consecuencias negativas (físicas, psicológicas o sociales). El abuso es aquel consumo que puede tener consecuencias muy negativas (agudas o crónicas) para las personas bien porque se superen determinadas cantidades, bien debido a las actividades que se realizan simultáneamente. La dependencia la presentan las personas bebedoras habituales que ya han desarrollado tolerancia al alcohol y por ello, cada vez tienen que beber mayores cantidades para conseguir el mismo efecto.

El alcohol, una vez ingerido, se absorbe sobre todo en el intestino delgado.

La rapidez de absorción depende del alcohol que llegue hasta el estómago y especialmente al intestino delgado. La presencia de alimentos en el estómago, la cantidad de alcohol ingerida y las características de la bebida consumida, influyen en la velocidad de absorción del alcohol y su paso a la sangre.

Una vez en la sangre, se distribuye por todos los órganos del cuerpo humano, afectando de forma especial al cerebro (y por tanto al comportamiento de las personas) y al hígado, encargado principal de su metabolismo.

El alcohol es un depresor del sistema nervioso central, retrasa el tiempo de reacción, produce una falta de percepción del riesgo, proporciona una sensación de falsa seguridad, provoca una descoordinación psicomotora, conlleva alteraciones sensoriales, principalmente de la visión, origina somnolencia, cansancio y fatiga.

La defensa metabólica ante el alcohol es más baja en los adolescentes, por lo que su consumo en estas etapas de la vida puede producir más fácilmente alteraciones orgánicas y/o psicológicas, tales como: alteraciones de las relaciones con la familia, compañeros y maestros, bajo rendimiento escolar, empeora el aspecto físico, agresiones, violencias y alteraciones del orden público y la adopción de conductas de alto riesgo (conducir tras haber bebido o subir en coche o moto de un amigo que ha bebido, realizar actividades sexuales de riesgo, etc.)





Cannabis y derivados





Cocaína





Heroína





Alucinógenos





Inhalantes





Drogas de síntesis, éxtasis





Alcohol





Tabaco





Psicofármacos estimulantes-anfetaminas





Psicofármacos depresores





Barbitúricos





Benzodiaceptinas